Hormigón autorreparable; es casi perfecto

Materiales y Procedimientos de Construcción
 02-jun-2017 | Structuralia Blog

El hormigón, esa especie de roca artificial que cumple con ciertos requisitos mecánicos, químicos y granulométricos, unidos en una matriz mediante una pasta aglomerante. El hormigón, ese material básico, ya desde la antigua Roma, que es hoy el rey indiscutible de los materiales de construcción. El mismo con el que se construyen los grandes sueños del mundo y que parece ser una fuente inagotable de infraestructuras, presenta un avance revolucionario. 

Decía Javier Olmedo (Director de la Escuela de Ingenieros Civiles de Madrid) que al hormigón tan solo le bastaba con mediar palabra para ser estrictamente perfecto. Quizás no hable, pero el hecho de pensar en su propia autoreparación nos acerca, ciertamente, a su perfección.

Pese a que su constitución es constante (arena, grava, cemento y agua), no existe un hormigón universal, ya que su composición porcentual varía en función de las características finales que se deseen obtener. En cualquier caso, se tendrán unas resistencias magníficas frente a las compresiones pero, lamentablemente, no se conseguirá una gran oposición a las tracciones, que sí absorberán de manera eficiente las armaduras.

 

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En la actualidad, uno de los aspectos que más lastran el cálculo de una estructura es el Estado Límite de Fisuración y que, además, resulta prácticamente inevitable: ya conocéis aquella simple regla con la que, aproximadamente, encontraremos 1 fisura cada 4 metros de hormigón lineal. La problemática reside en la posibilidad que se le plantea a cualquier gota de agua externa para acceder hacia el interior del conglomerado donde, sin duda, podrá corromper el acero que le complementa en la recepción de los esfuerzos.

Ante esta situación, un grupo de investigadores holandeses de la Universidad Técnica de Delft ha desarrollado un "biohormigón" con la capacidad de repararse por sí solo, lo que podría resolver la imperfección del citado material.

¿Cómo?

 

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La solución pasa por añadir cápsulas biodegradables de lactato de calcio en el proceso de fabricación del hormigón. Estas cápsulas, solo se abren en contacto con el agua, con lo que los microorganismos permanecerán en su interior hasta que alguna perniciosa partícula de H2O se aproxime por infiltración, momento en el cual se activarán dichas bacterias. ¿No es maravilloso?

Con su crecimiento, podrán sellar la fisura producida en el hormigón y alimentarse del agua filtrada, con lo que el hormigón quedará recubierto de una fina película bacteriana. Cabe destacar que uno de los principales compuestos del cemento es el carbonato cálcico (CaCO3), por lo que la compatibilidad de estas cápsulas está asegurada. En este ámbito, puede surgir la duda de si estas bacterias podrán soportar un pH tan básico como el que presenta el hormigón en su interior, pero parece ser que las "bacillus subtilis" no acusan problema alguno.

 

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La fina capa de caliza formada no aumenta la resistencia del material, pero pretende prolongar el ciclo de vida útil de una estructura y reducir los costes de mantenimiento, por lo que habrá que seguir muy de cerca cualquier tipo de avance que tome hacia el futuro.

 

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