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Mantenimiento de ferrocarriles: El amolado

A la hora de explotar una línea de ferrocarril hay que considerar el mantenimiento como uno de los puntos más importantes. Aplicando un buen mantenimiento podremos ahorrar costes futuros por mal funcionamiento o rotura de algún elemento de la infraestructura y, también, evitaremos posibles incidentes que puedan poner en riesgo la vida de los usuarios.

Una de las operaciones de mantenimiento que se realizan periódicamente es el amolado de los carriles, que es una tarea fundamental para que la vía férrea pueda operar ofreciendo sus máximas prestaciones. Con esta técnica se consiguen reparar posibles defectos de la vía debido a la explotación de la misma, manteniendo el perfil correcto de la cabeza del carril y mejorando el contacto rueda-carril.

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El tren amolador utiliza sus muelas para corregir estas deficiencias, contando, hoy en día, con avanzados equipos informáticos, sensores láser y de ultrasonido, que mejoran la exactitud de la operación y que permiten que los resultados de esta tarea sean de la mayor calidad posible.

El amolado de los carriles es una operación que alargará la vida útil de la línea, permitiendo además, que aumente la seguridad y que se reduzca el consumo de energía. Gracias al amolado conseguiremos la disminución de las vibraciones y los ruidos provocados, y lograremos un aumento en el confort del pasajero.

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Esta actividad también puede realizarse en carriles nuevos para quitar la película de laminado o para que las juntas recién soldadas no presenten ninguna discontinuidad.

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No realizar esta tarea podría tener consecuencias fatales, pudiendo provocar la fisuración de la cabeza del carril o la aparición de defectos por fatiga, como ondulaciones, juntas dañadas u otros problemas que podrían poner en grave peligro a los usuarios de la línea o provocar la costosa de tarea de tener que sustituir el carril por uno nuevo, actividad que se encarece aun más si se trata de tramos de líneas de alta velocidad. También es importante saber reconocer cuándo el problema no puede ser solucionado mediante el amolado y hay que reemplazar el carril.

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Existen partes de la vía, desvíos, cruzamientos o curvas, en las que el desgaste provocado está mucho más pronunciado. En el caso de los desvíos, por ejemplo, la aguja y el corazón requieren un amolado específico, con muelas especiales. En las curvas el desgaste se produce en la parte interior del carril externo, provocándose un desgaste lateral, ondulaciones, vibraciones y la deformación de la cabeza del carril, por este motivo el amolado se realiza en los puntos donde no se quiere que se produzca contacto con las ruedas.

 

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